MARTINA
Martina tenía unos ojos oscuros como el azabache y una mirada lánguida en la que cualquier hombre le gustaría sumergirse. Martina había recibido muchos palos en la vida. Martina tenía esa dulzura en la voz,ese canto de sirena que solía atraer a gente que le amargaba la vida. Una tarde sentada en un banco de un parque se le acercó un hombre bien parecido y entablaron una charla lo suficientemente agradable para que se intercambiaran sus correos electrónicos. Así empezó primero una relación de amistad que poco a poco se torno en cariño para más tarde convertirse en amor. Sus ojos lánguidos se convirtieron en ojos alegres y vivarachos. Martina pensó: Este es mi amor y ya no estaré sola. El hombre llamado Alfredo pensó lo mismo que ella: esta es la mujer de mi vida. No les importó el pasado de cada uno. El destino estaba escrito. Vivieron juntos el resto de sus días.
24-abr-13
Fdo: Mónica Rubio Ochoa
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